A pesar de estar en pleno siglo XXI, en medio de avances tecnológicos relevantes, de significación universal, es menester afirmar que existe en el colectivo un temor, un recelo, una evasión en torno a La Muerte. Aún cuando estamos inmersos en la llamada era de la “Globalización de la Información”, el hablar sobre La Muerte, es concebido o catalogado como Tabú, por algunos, e incluso temido por otros. Deseada para los oponentes, venerada por idólatras, alejada del seno familiar, es caracterizada mitológicamente, personificándola como imagen cadavérica que cubierta con túnica y poseedora de guadaña, quien persigue al hombre para hacer cumplir su nefasto destino.
Esta es una idea que pervive en el colectivo desde hace 26 siglos aproximadamente, tal vez sea el reflejo del ímpetu del hombre por humanizar todas las cosas que les rodea, o de crear respuestas para solucionar los misterios de la vida. En este sentido se debe afirmar que La Muerte, es parte sustancial de la vida misma, es decir no se puede concebir la muerte de alguien, si éste no ha vivido primeramente. Lógicamente afirmamos: el hombre es mortal, Luis es hombre, luego es mortal.
Ciertamente, lejos de pretender crear miedos, temores, sanciones tabuisticas ante este tema, se busca generar actitud de asumir La Muerte como lo que es, una parte necesaria de la vida. Renombrado Médico Venezolano, Luis Razetti, pero también insigne Filósofo afirma: “La Vida, es el proceso físico químico que se verifica en la molécula viviente como resultado de las leyes generales de la materia, y en el cual no hay intervención remota ni actual, de ninguna fuerza o principio distinto de la energía”.
Se trata de brindar opinión a favor de enaltecer, promover, promocionar los valores de la vida misma, antes que promover La Muerte. Pero de forma inversa. La Muerte, es, afirmo, “la cesación de toda posibilidad de ser”. Todo es posible en la vida, pero cuando sobre viene de cualquier forma la muerte ineludiblemente podemos escapar de ella, y no porque nos aseche, sino porque no podemos eludirla, cuando se muere, cesa toda posibilidad de acto, de actualizarse, de ser.
A pesar de tales avances tecnológicos, científicos, cibernéticos, inmunológicos, embrionología, células madre, ingeniería genética, sopena de superar los límites que la vida misma se impone con La Muerte, cada vez afirma que somos limitados, somos finitos, no somos eternos, tenemos un comienzo con el nacimiento y un fin con La Muerte.
La muerte, ha sido un tema formidable, siempre presente en toda reflexión filosófica, desde sus comienzos en la gracia clásica, sin embargo, aún cuando se ha buscado respuesta para deshacernos de ella, o comprenderla, ha surgido en ese intento una serie de afirmaciones que lejos de esclarecer dicho misterio, lo han oscurecido. Sin embargo, en nuestra contemporaneidad, por citar alguno, contamos con la corriente Existencialista o Filosofía Existencial, por medio de la cual se afirma, entre otras cosas que la VIDA, es, en la medida en que se está consciente de vivirla, es decir, “existo, luego pienso”, contrariamente al racionalista Descartes. Se erige La Vida, con todo lo que ésta implica, como el centro de la reflexión filosófica de esta época, en la que pareciera, que vivimos constantemente sumergidos, afirmo, en una “Cultura de Muerte”.
Cada década, podemos apoyarnos en estadísticas mundiales, baja le índice indicativo de la expectativa de vida en las distintas regiones del globo terráqueo, influenciado por distintos factores que hacen sucumbir a los pobladores de la Tierra. Se puede afirmar pues que en cierto modo, se hace necesaria por decirlo así a La Muerte.
Otro de los grandes escollos de nuestra era, respecta a la concepción de lo que se denomina historia; encontradas opiniones y difícil acuerdo al respecto, sin embargo, como afirma el cantante “se hace camino al andar”, se construye, se escribe la historia de un pueblo, con la historia personal de cada uno de los seres que la conforman, porque la historia es escrita por seres humanos, para enaltecer la vida de la humanidad.
No obstante no desviemos el tema principal del presente escrito reflexivo. Ciertamente, La Muerte, hablar de ella, aún hoy genera angustia, motiva las interrogantes más resaltantes en la existencia del hombre: ¿Por qué si vivimos debemos morir; por qué somos mortales; cuál es la finalidad de la vida si necesariamente ella termina con la muerte? La respuesta, en mi opinión la dá, la posee cada uno de nosotros, y comienza con la vida misma, ya que en la medida en que valore mi vida, respetaré la del otro, se aplicará la justicia, la solidaridad, la empatía, el compartir, y se deslastraría nuestra sociedad de tantos males que aquejan y atentan en contra de la vida misma, tales son: drogas, tabaco, alcohol, vida sin proyecto, falta de educación, delincuencia, guerras, conflictos étnicos, falta de alimentos o acceso a fuentes de empleo para adquirirlos, desforestación, contaminación de aguas dulces y saladas, pruebas con energías nucleares así como la estimulación de la producción de armas nucleares, endemias, abortos, preñez precoz, entre otras.
Significativamente, a pesar de la “globalización de la información”, no existe, o mejor dicho existen pocos entes, complejos, instituciones, personas que ayuden, contribuyan a sumir La Muerte, de forma positiva. ¿Y es que se puede asumir de forma positiva a La Muerte? Claro que sí, se puede enseñar a aceptarla como venidera, no porque nos aseche inefablemente, sino porque “somos mortales”, vivimos, necesariamente moriremos, haremos presentes, actualizaremos el misterio de la vida en algún momento, ya que ineludiblemente, de forma más personal o subjetiva viviremos nuestra propia muerte. Luego, se puede formar, capacitar para aceptarla, para esperarla, cuando le plazca, cuando llegue y asumirla de forma consciente, es decir, conformar el proyecto de vida personal, apuntando, previéndola. Así, pienso, se pude desmitificar y sacar del tabú a La Muerte. Asumiéndola, sabiéndola parte esencial, necesaria de la vida misma, venidera. Esto es La Buena Muerte!
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