Referiremos, en esta oportunidad con la rica cultura suramericana, tan variada en seres míticos, como las comunidades que la habitan:
Ailen Mulelo: Argentina. "Fuego fatuo. Cuando un quechua se encontraba con dichas fosforescencias pensaba que era la aparición de un espíritu o "alma en pena" en busca de redención a través del contacto con los vivos. Ante el temor de su presencia, se evitaba el paso por el lugar donde se decía que habían aparecido. La única manera de librarse de ellos era la oración" (Belmonte, M. y Burgueño, M. Diccionario de Mitología. p. 263).
Amalivaca. Venezuela. "Dios Tamanaco creador del mundo y de los hombres. Mientras vivió con los indios los dotó de inmortalidad. Se habla de una gran inundación en la que Amalivaca cogió una canoa para valorar y arreglar los desastres del diluvio con ayuda de su hermano Vochi. Comprobaron que sólo hubo una pareja superviviente de este gran desastre, siendo la encargada de repoblar el mundo. Se fueron a una colina y desde allí comenzaron a arrojar los frutos de una palmera, saliendo de sus semillas los hombres y las mujeres que repoblaron el mundo" (o.c.p. 263).
Amarú: Perú. "Mito quechua. Violenta serpiente alada con cabeza de llama y cola de pez. De su hocico emana la niebla de los cerros, del movimiento de sus alas nace la lluvia, de su cola se desprende el granizo y de los reflejos de sus escamas nace el arco iris. Renace la vida cuando aparece extinguida, reverdece la tierra y llena de agua los manantiales. Se creía que todo estaba escrito en sus escamas: la vida, las cosas, las historias, las realidades, los sueños..." (o.c.p. 264).
Condenados: Tradición indígena. "Son seres del otro mundo. Cuando alguien muere de forma violenta es rechazado por Dios y entonces debe purgar sus pecados vagando una temporada entre los vivos. Esto puede ocurrir en los siguientes casos: suicidios amorosos, muerte de ladrones, muertes bruscas... El condenado busca llevarse a alguien con él, para robarle su alma y encontrar su salvación. Uno puede librarse de ellos con oraciones" (o.c.p. 266).
Emesek: Amazonas. "Indios jíbaros. Espíritu, dañino, alma vengadora de un enemigo muerto, que viene del inframundo para continuar la lucha con el que todavía tiene cuentas que arreglar" (o.c.p. 268).
Gato: "Tradición andina. El gato, sobre todo el negro, representa al demonio que aparece para llevarse a los condenados. Tener un gato en casa es un escudo ante la presencia de espíritus malignos. Para evitar problemas con los gatos lo mejor es bautizarlos, cortándoles la punta del rabo y de las orejas. El gato negro maltratado por su dueño es el más peligroso, se transforma a las doce de la noche y al caminar deja sen us huellas chispas de fuego para entrevistarse con el diablo" (o.c.p. 268-269).
Machi: Argentina y Chile. "Para los araucanos, médico hechicero. Conforman una casta, siendo consejeros de los jefes. Su poder se basa en el conocimiento de la medicina (doctores) y en sus relaciones con los espíritus (sacerdotes). Traían la paz o la guerra, las lluvias en sequía y mediaban entre los hombres y los demonios. Hacían vida solitaria y se retiraban en cuevas para llevar una vida ascética. Suelen ser mujeres, recibiendo su puesto a través del machitun (ceremonia de iniciación)" (o.c.p. 271).
Mankóite: Brasil. "Indios amazónicos. Poderoso demonio que presenta forma humana, con grandes melenas y viejas ropas. Quien lo ve sufre una muerte instantánea. Vive en los riscos que dominan los ríos y su especialidad es capturar las almas de los niños" (o.c.p. 272).
Piruruy: Ecuador. "Juego relacionado con las fiestas en honor de los difuntos que tiene como objetivo comunicarse con el finado durante el velatorio a través del lenguaje de los dados. Se apostaban los enseres del fallecido durante toda la noche en la cual no se podía dormir. Ganaba quien tenía más puntos o por una sola jugada (dado en posición vertical). Este rito tenía como propósito el aplacar la pena, la angustia y el terror que toda muerte provoca. Creían que la suerte con los dados significaba la buena o mala relación con el difunto. Se aprovechaba la ocasión para zanjar diferencias y dejar que el espíritu se fuera en paz" (o.c.p. 276).
Tamoryayo: Venezuela. "Indios Yukpas. Dios creador que vivía en las nubes, de donde bajó para situar el firmamento donde está hoy. Luego creó al primer hombre; al verlo solo le preguntó si quería compañía. Éste dijo que sí, por lo que cortó un árbol en dos y ambas partes se convirtieron en dos mujeres. Cogió a una de ellas le hizo cosquillas y con la riza consiguió que le entrara el alma en el cuerpo. Sorprendido y satisfecho hizo lo mismo con la otra mujer. Con el tiempo consiguió dejarlas encinta y así comenzóla tribu de los yukpas" (o.c.p. 278).
Difunta Correa. Argentina. "En el siglo pasado un joven criollo fue reclutado involuntariamente para ir a la guerra. Su mujer, de apellido Correa, quedó abatida con la noticia, porque su marido tenía que incorporarse enfermo y muy debilitado. Así pues, cogió a su hijo y siguió las huellas del batallón donde estaba su esposo. Tras mucho caminar quedó exhausta, sedienta y agotada, por lo que se dejó caer en lo alto de una pequeña colina. Unos arrieros pudieron observar como los animales de carroña revoloteaban en torno al cerro. Se acercaron a la madre muerta pero al niño aun con vida, amamantándose de los pechos de la difunta. Recogieron al niño, y dieron sepultura a la madre. Cuando se supo lo ocurrido comenzó la peregrinación de lugareños hasta la tumba de la "difunta Correa" y, pasado un tiempo, se convirtió en un santuario en el que hacían ofrendas. El milagro se extendió por lo que los hombres del campo le piden protección para sus cosechas; los arrieros la consideran su protectora; y las madres, que por su debilidad carecen del necesario alimento para sus bebés, le dedican oraciones fervientes a ella para que nutra sus pechos escuálidos" (o.c.p. 283-284).
Por medio de los textos seleccionados, ciertamente, queda manifiesto que en la Mitología Americana, en sus tres áreas geográficas, se percibe la convivencia de las deidades con los humanos, interviniéndose mutuamente y exigiendo el mantenimiento de equilibrio o armonía con la natruraleza (vehículo de comunicación), hecho que marca todo acontecer de los moradores y que aún hoy, en pleno siglo XXI, persiste en sus mentalidades y vida. Esto redunda en creencias, costumbres, fábulas, leyendas, mitos y ritos, que son evidencia de la dualidad de mundos (real y espiritual, tanto en la vida como en la muerte), y la capacidad que tiene el hombre de ser mediador, intervenir, interceder en estas relaciones. Relación mágico religiosa en la que el mito y la realidad conforman, en estas culturas, una sola realidad.
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